23 de Noviembre de 2017 | La Realidad Política
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Hobbes y Locke, dos visiones Estado.

El discurso/ Carlos Soto
Viernes, 13 de Julio de 2012

Hobbes y Locke dos versiones de fundamentar el Estado. Foto Abril Cabrera       ver galería

Este debate se da constantemente en las sociedades que viven bajo el amparo de lo que calificamos como democracias. Y empieza, al amparo de la filosofía política, con dos autores ingleses sobradamente conocidos, especialmente el segundo: Hobbes y Locke.

Decir que Hobbes tenía una visión negativa de la naturaleza humana quizá sea reducir demasiado su percepción. Hobbes, como todos, era hijo de su tiempo. Y en su tiempo, nació en 1558, Inglaterra está inmersa en guerras religiosas que, con la torpe colaboración de los Estuardos, deviene en guerra civil y acaba con la ejecución del rey, CarlosI, y con la corona absolutista convertida en una república, en 1651, gobernada por Cromwell.

En este mundo convulso vive Hobbes. No debe extrañar que su percepción del estado de naturaleza no sea paradisiaca. Para él, la inclinación natural del hombre es la búsqueda afanosa de poder, riqueza y placeres, lo que conduce a la lucha, la enemistad yla guerra. El hombre es un lobo para el hombre, y un hipotético estado de naturaleza (es decir, un estado sin gobierno) sería un estado de permanente guerra. Por ello, el Estado (el Gran Leviatán; para nosotros el “Ojo del Gran Hermano”) contendrá esta predisposición a la violencia propia de nuestra condición humana (cuestión que nos sitúa en un inquietante plano de igualdad) y nos proporciona paz y seguridad, convirtiendo estos valores en primordiales, por los que debe velar el Estado.
Hobbes defendía así un Estado fuerte, centralizado, con poder necesario como para impedir cualquier clase de intromisión de los individuos en la propiedad o en la integridad personal.
Pero la seguridad hobbesiana encierra una turbadora paradoja. Al situarla como “valor máximo” acaba por erosionar y aniquilar a los demás valores (libertad, felicidad, igualdad, justicia, etc.), generando frecuentemente un escenario de real inseguridad. Ocurre entonces que las medidas que se adoptan para afianzarla acaban, a veces, por producir un máximo de aquello mismo que se quiere combatir.

Locke nace en 1632. Para él, al contrario que Hobbes, el estado de naturaleza es de paz, benevolencia y ayuda mutua. El esencial derecho a la libertad gobierna el estado de naturaleza. Todos los hombres, por designio divino, están dotados de razón y libertad suficientes para conocer el orden natural y cooperar en la preservación de los derechos de los demás. No parte de una visión negativa del ser humano; la libertad y la igualdad son propiedades del estado natural.

Para Locke, la finalidad de la sociedad civil es remediar los inconvenientes del estado de naturaleza que se producen forzosamente cuando cada hombre es juez de su propio caso. Y preconiza que es esencial vivir en sociedad, renunciando cada uno de sus componentes al poder de ejecutar la ley natural, que se cede a la sociedad, convirtiéndose así en sociedad política sometida a un gobierno. Sale entonces el hombre del estado de naturaleza y se coloca en el seno de una sociedad civil, autorizando y aceptando voluntariamente las leyes que el poder legislativo desarrolle en bien de la sociedad y a su pertinente realización por parte del poder ejecutivo.

Nace en estas condiciones el Estado, con la esencial misión de garantizar la libertad individual, siendo incluso ese Estado sometido a vigilancia, con el fin de que no se entrometa en los asuntos que sólo al individuo competen.

Cada hombre es, por Ley Natural, propietario de su propio cuerpo y de las obras que con éste realice; al renunciar al poder político y a su propia defensa que posee en estado natural y entregárselo a la sociedad, lo hace con el fin de emplearlo pare el bien de sus miembros, salvaguardando sus vidas y sus propiedades.

El punto de vista que nos ofrece Locke respecto al Estado ha tenido una gran influencia en la estructuración de democracias comola norteamericana. Frente al Estado fuerte y centralizado de Hobbes, Locke defenderá la separación de poderes, condición necesaria para evitar que el Estado anule al individuo. Locke se convierte así en precursor del liberalismo y, en cierto sentido, del socialismo. Y su separación de poderes servirá de inspiración a Montesquieu en una teoría que está por desarrollarse.

Y entonces uno se pregunta que si vivimos en un mundo donde se respetan e infunden los valores de libertad e igualdad, cómo es posible que la seguridad y la defensa de la propiedad privada se antepongan continuamente a la libertad y los derechos del individuo… o realmente nos encontramos bajo un Leviatán con apariencia de democracia…

Estimado ciber lector, permíteme una pregunta: y tú de quien vienes siendo, ¿ de Hobbes o de Locke?

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