25 de Julio de 2017 | La Realidad Política
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Entrevista
por: El Discurso.
La resurrección de Jesús


> Los cinco medios digitales que nos unimos para presentar periódicamente una sola visión sobre la grilla capitalina, escribimos esta vez sobre un político que parecía ir en picada.


Jesús Valencia ha sorteado el temporal. El delegado con licencia de Iztapalapa tiene ruta política y equipo en el Distrito Federal, a pesar del escándalo reciente que protagonizó por el choque de una camioneta, pero sobre todo, a pesar de la orfandad política en la que había quedado tras la marginación a los ebrardistas.

Hoy, Valencia no sólo encabeza una de las corrientes importantes del PRD en la capital, sino que tiene cobijo nacional para buscar una diputación federal, cartas para hacer una tribu local y diálogo para negociar con los que se están quedando con el Partido de la Revolución Democrática en el Distrito Federal: los integrantes de Vanguardia Progresista.

Primero, ebrardista

La imagen de Valencia está empañada, eso es un hecho, pero este perredista muestra un olfato político ya inusual en su partido. Siendo el único delegado ebrardista en el marco de una administración que declaró la guerra al ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, el iztapalapense era una figura de riesgo. Elegido en 2012 tras una alianza con los grupos políticos más fuertes (y en general peleados entre sí) de la izquierda en esa delegación, Valencia mantuvo una relación política con Marcelo Ebrard y una relación de gobierno muy cuidadosa con la administración central del Distrito Federal y específicamente con el operador político de Miguel Ángel Mancera, el poderoso secretario de gobierno, Héctor Serrano.

Los problemas de Ebrard por la suspensión de la Línea 12 no lo salpicaron, pero en septiembre de 2014, Valencia se vio puesto a prueba con la elección interna del PRD. Un grupo ajeno a su administración duplicó el número de votos que él obtuvo en Iztapalapa, por un lado, y por el otro, los ebrardistas se vieron casi aniquilados en el partido. Valencia se quedó solo. Ni estaba con Nueva Izquierda, ni con los bejaranistas, ni tenía apoyo del GDF. Sus lazos con Ebrard ya no eran útiles. Era cuestión de tiempo para que se hundiera.

ADN y el rescate

Unas semanas después de la elección interna, Valencia sorprendió con un giro a su afiliación política: abandonó las filas de la expresión ebrardista y se sumó a Alternativa Democrática Nacional, llevándose consigo a 17 consejeros nacionales perredistas y el capital político que implicaba gobernar la delegación más grande de la ciudad. Esta decisión no sólo detuvo la caída del perredista sino que lo catapultó: ADN no está peleada con el gobierno del DF, es la tercera fuerza nacional y le faltaba presencia en la Ciudad de México. Todos ganaron, el que perdió fue Ebrard.

Las fortalezas, el escándalo

Ya en ADN, Valencia iba viento en popa. Su administración traía balance positivo: infraestructura pública histórica, reducción notable de delitos y relativa estabilidad en la siempre agitada vida de los iztapalapenses organizados por sobrepolitización o clientelismo. Valencia quería ser diputado local y buscar incluso la coordinación de la bancada. Pero en diciembre se atravesó consigo mismo: en la madrugada del ___ chocó una camioneta blindada, al día siguiente dio declaraciones contradictorias y poco después fue acusado de usar autos lujosos provistos por proveedores y de tener una casa de rico. Mucho antes de lo previsto, iba a perder el control de la delegación y la posibilidad de ser candidato. Iba en picada.

De vuelta al camino

Dos meses después, Valencia recuerda por qué era considerado uno de los operadores políticos más hábiles de la administración anterior. Soltó la posibilidad de tener mano en la sucesión delegacional y perdió la diputación local. Sin embargo, detuvo el linchamiento, sortea las acusaciones y asegura que no hay falta, tiene candidatura para diputado federal, encabeza ADN en la ciudad, dejó a su equipo en el último tramo de gobierno de la delegación, tiene diálogo con el GDF y otra vez está en el camino.
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