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Crece oposición republicana a Trump

David Brooks / La Jornada / El Discurso
Lunes, 08 de Agosto de 2016

Por ahora, la implosión de la candidatura de Trump ha funcionado como un eclipse sobre la campaña de su contrincante.. Foto: PI / Ron Sachs       ver galería

Después de la peor semana de su campaña, el candidato presidencial Donald Trump intentó hoy cambiar el tema al presentar su propuesta económica, pero esto fue opacado por la creciente disidencia dentro de su partido Republicano que incluyó, un mensaje público de 50 ex altos funcionarios de política exterior republicanos acusando que el multimillonario sería una amenaza a la seguridad nacional, más candidatos legislativos del partido buscando distanciarse públicamente del abanderado y la presentación de una candidatura alternativa

En un discurso sobre sus propuestas económicas nacionales en Detroit, Trump -entre múltiples interrupciones de abucheos por manifestantes- reiteró sus posiciones generales ya conocidas incluyendo reducciones de impuestos, reformas hacendarías, y renegociación de tratados de libre comercio como el TLCAN, sin gran detalle concreto pero con las usuales promesas grandiosas de que el llevará al país a un futuro maravilloso. A la vez, resaltó el punto de que él representa el cambio frente a su contrincante demócrata Hillary Clinton: “ella es la candidata del pasado; lo nuestro es la campaña del futuro”.

Con esto sus estrategas esperaban lograr cambiar de canal sobre Trump durante la última semana en donde sus exabruptos y ataques mal atinados contra símbolos sagrados -familias de militares estadunidenses sobre todo- causaron un desplome en sus niveles de apoyo y dañaron su campaña y su partido. Pero las divisiones y conflictos entre Trump y el partido siguen en deterioro.

Hoy, unas 50 figuras destacadas de política exterior y seguridad nacional quienes trabajaron en altos puestos en gobiernos republicanos advirtieron en una carta pública que Trump “pondría en riesgo la seguridad nacional y bienestar de nuestro país”. Agregaron que “carece del carácter, valores y experiencia para ser presidente”, que “debilita la autoridad moral de Estados Unidos como líder del mundo libre” y afirmaron que ninguno de ellos votará por él. Entre los firmantes: Michael Hayden, ex director de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Tom Ridge y Michael Chertoff, ex secretarios del Departamento de Seguridad Interna y John Negroponte, ex director de inteligencia nacional, subsecretario de Estado y embajador en México, además de otros altos funcionarios del Departamento de Defensa y de la Casa Blanca.

Por otro lado, varias agrupaciones republicanas que intentaron sin éxito descarrilar la candidatura de Trump están buscando de nuevo cómo frenarlo. Entre estos esfuerzos de los republicanos anti-Trump apareció hoy un nuevo candidato conservador independiente a la presidencia, Evan McMullin, quien proclamó que ante la “falta de fe en los candidatos de ambos partidos mayores” por el público estadunidense”, él se ofrece como candidato conservador. McMulliin es el ex jefe de política para la bancada republicana en la cámara baja y fue un oficial de operaciones de la CIA entre 1999 y 2010. Además, ha trabajado para Goldman Sachs y se dice que cuenta con el apoyo financiero de varios donantes ricos republicanos.

Mientras tanto, cada vez más candidatos legislativos están marcando su distancia con el abanderado. Hoy, otro representante federal republicano Scott Rigell de Virginia -el tercero en la última semana- declaró que no votará por Trump, sino por el candidato Gary Johnson del Partido Libertario, y advirtió que espera que más seguirán en ese sentido.

Cunde el temor entre las filas republicanas de que Trump no sólo fracasará llegar a la Casa Blanca sino que su derrota amenaza con poner en riesgo las mayorías, y por lo tanto el control, que ahora gozan de ambas cámaras. Algunos ya están usando ese argumento ante donantes.

Tal vez el mensaje más notable en este sentido fue el enviado por el republicano electo más poderoso del país, el presidente de la cámara baja Paul Ryan, solicitando donaciones donde parece ya dar como hecho que la demócrata Hillary Clinton será la próxima ocupante de la Casa Blanca. En el argumento es que “si fracasamos en proteger nuestra mayoría en el Congreso, podríamos estar entregando un cheque en blanco a la presidenta Hillary Clinton”.

Sin embargo, las filas pro-Trump sorprendieron a todos al contribuir con más de 80 millones a la campaña en julio, algo que provocó preocupación tanto entre la campaña de Clinton -que está redoblando esfuerzos de recaudación de fondos- como de republicanos anti-Trump. Al mismo tiempo, mientras continuaban las deserciones republicanas, también hay nuevos defensores del multimillonario, entre ellos George P. Bush, hijo del ex precandidato presidencial y feroz opositor de Trump Jeb Bush, argumentando que ante el imperativo de derrotar a Clinton los republicanos tienen que apoyar a su abanderado.

Más aún, cada vez que figuras de la cúpula republicana, o del establishment atacan a Trump, esto también tiene un efecto positivo para el candidato, ya que comprueba su imagen de “insurgente” político que tanto ha nutrido su inesperado éxito hasta ahora. Mientras que las principales encuestas registran el desplome de Trump y algunos expertos proclaman que todo indica que será derrotado, su inesperada trayectoria a lo largo del último año repetidamente desafió a los pronósticos de su muerte política -y por lo tanto, aún nadie está dispuesto a apostar sobre su posible funeral.

Por ahora, la implosión de la candidatura de Trump ha funcionado como un eclipse sobre la campaña de su contrincante. Las noticias sobre qué hace o no Clinton están relegadas al final de las noticias políticas. Por ahora, los demócratas están gozando de los tropiezos entre los republicanos, pero aún están conscientes de tener al frente una candidata débil y vulnerable que aún no logra convencer a la mayoría del electorado de que debería de ser la ocupante de la Casa Blanca. Tan es así que el argumento más poderoso que tienen sigue siendo que ella no se apellida Trump.

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