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Murio Maradona, la leyenda

El Discurso
Jueves, 26 de Noviembre de 2020

A Maradona lo comparan con otros dolos del deporte. Es lo normal. Lo que casi ninguno se ha atrevido es a asumir una posicin en el resbaloso piso de lo poltico.       ver galería

Diego Armando Maradona muri ayer a los 60 aos por un infarto. Diego, el hombre que vivi al lmite su personaje, no resisti ms. Maradona, el mito que construyeron entre todos en el mundo, permanece. Fue repentino, pero acaso inesperado? El ex jugador que convirti una cifra en parte de su nombre, El Diez, falleci apenas unas semanas despus de una ciruga para removerle un cogulo en la cabeza el 3 de noviembre y de haber cumplido aos el 30 de octubre.

Desde las primeras horas de aquella intervencin mdica se tema por su vida. El astro argentino, fiel a su leyenda gambetera de sorpresas y chanchullos, de cadas y renacimientos, volvi a pasarle la pelota entre las piernas a los peores augurios. Haba sobrevivido y pareca que se recuperaba. Ah, precisamente, volvi a hacer un quiebre genial. Cuando el mundo crea que el Diego era inmortal, su muerte lleg el mircoles a medioda en su nueva casa de Tigre, en la provincia de Buenos Aires.

Fue una muerte natural de un ser que pareca que no lo era. A pesar de esa evidencia, el fiscal John Broyad inform que se le realizara por la tarde una autopsia al dolo.

Maradona sobrevivi a todo, a una entrada histrica de Goikoetxea que lo lesion en 1983, a perder la Copa del Mundo en 1990, al descrdito por dopaje en el Mundial de 1994, a la FIFA, la AFA y a los dueos del baln que fueron sus adversarios. Diego, sin embargo, no sobrevivi a s mismo, a una vida de extremos y contrastes, a las secuelas de sus adicciones.

Como todo mito genial el ego lo desbordaba. El tema favorito de Maradona, adems de la pelota, era l mismo. Tuvo la osada de desdoblarse en unos mellizos que representaban esa dualidad que lo persigui toda su vida, y tambin durante toda su leyenda, en una simulacin de un frente a frente en su programa de televisin de 2005, La Noche del Diez, Diego, vestido muy formal con un saco, entrevistaba a un Maradona ms casual.

Cuando el Diego, en una representacin del hombre en toda su humanidad, cuestionaba al mito si se arrepenta de algo en su vida. Maradona se humanizaba y mostraba su costado ms frgil, el del arrepentimiento. Lament no haber estado cerca de sus hijas, no verlas crecer, el dolor provocado a sus padres. Y desde luego, las adicciones, sus demonios internos que lo atormentaron en la vida. Pero la droga no como una presencia que le hizo dao al cuerpo y mente de ese hombre, sino al enemigo que atent contra lo ms sagrado: el futbol.

?De qu te arrepientes? ?preguntaba el Diego como si slo a travs de ese dilogo pudiera escarbar en su propio abismo.

?No haber podido dar el cien por ciento en el futbol ?respondi Maradona al otro que tambin era l mismo?, yo con la cocana di ventajas y vos lo sabs bien. Nos drogbamos, no dormamos, nos consumamos y despus salamos as a la cancha. Cuando se habla de droga en el futbol, cuidado, yo di ventajas.

Los dos tiempos de El Pelusa

Como un dios bicfalo, el argentino posea dos rostros que eran uno mismo. Hay un Diego que representa al personaje que nace en la miseria y alcanza la gloria contra la adversidad. Un tipo mundano y hasta vulgar amante del lujo, que presume dos costosos relojes, uno en cada mueca, con horarios diferentes. Y hay un Maradona rebelde, el que admir al Che Guevara y a Fidel Castro ?los llevaba tatuados en la piel?, que desafi al poder en el futbol y protest contra el imperialismo.

En el primer tiempo, el del origen, hay una grabacin en blanco y negro de 1970 donde se observa a un nio melenudo. Con voz infantil y atropellada, el pequeo Diego habla de sueos y trasluce la pobreza de Villa Fiorito, una zona precaria al sur de Buenos Aires.

Mi sueo es jugar un Mundial, dice quien alcanzara el estatus de leyenda al ganar con Argentina la Copa del Mundo de Mxico en 1986, donde Diego anot los dos goles ms recordados en la historia. El de la mano de Dios y el gol del siglo. La trampa y el genio en un mismo partido ante Inglaterra con slo cuatro minutos de diferencia.

Despus de acercarse al sol, Maradona inici una cada que no ces el resto de su vida. En el Mundial de Estados Unidos, en 1994, fue expulsado de la seleccin por dar positivo de efedrina. Durante un partido ante Nigeria le hicieron una prueba aleatoria y tras recibir el resultado, Diego camin al centro de la cancha tomado de la mano de una mujer vestida de enfermera y se despidi. Poco despus enunci una de las frases que mejor describen el descenso del dolo: No quiero dramatizar, pero me cortaron las piernas.

Slo tres aos ms tarde, Diego abandon el futbol. Alejarse de la cancha lo llev a convertirse en el hroe cado, la gloria del deporte empeada en su autodestruccin. El que fuera un prodigio del baln, pareca reclamar a sus detractores con su abandono, obeso y enganchado a las drogas.

Despus de entradas a clnicas y recadas, volvi porque Diego tambin fue la resurreccin. Una crisis cardiaca en el 2000 estuvo a punto de costarle la vida. Tras una larga estada en Cuba para rehabilitarse y una operacin de bypass gstrico que le ayud a perder ms de 50 kilos, devolvieron a un Maradona rejuvenecido, irreconocible respecto a la imagen abotargada que deambulaba lenta en el pasado.

El nuevo Diego apareci en su programa de televisin de 2005, La Noche del Diez, donde en la emisin de la entrevista a s mismo se pregunt sobre las drogas.

?Cuntame de la ltima vez que te drogaste ?dijo el Diego entrevistador a su otro yo.

?No jods, cmo no vas a saber, si nos drogamos juntos. Hace un ao y medio que no nos drogamos ?respondi Maradona y el estudio revent en aplausos.

Maradona, el rebelde

En 2008, el director serbio Emir Kusturica film un documental sobre Maradona. Un relato en el que mostr la complejidad del personaje, lo mismo estrella pop que genio de la pelota, una vctima de la cocana y un militante de la izquierda. El cineasta se pregunta quin es ese hombre al que llama el Sex Pistol del escenario del futbol y no duda en afirmar que si Andy Warhol viviera, lo habra pintado junto a Marilyn Monroe y Mao Tse Tung.

A Maradona lo comparan con otros dolos del deporte. Es lo normal. Lo que casi ninguno se ha atrevido es a asumir una posicin en el resbaloso piso de lo poltico. Cuando lo hacen, suelen ser atacados como les ocurri al boxeador Muhammad Ali, los velocistas John Carlos y Tommie Smith y al futbolista brasileo Scrates.

Diego exhiba su devocin hacia el Che Guevara tatuado en su brazo derecho y a Fidel Castro, a quien llam su segundo padre, impreso en su pierna izquierda, la de la pelota.

Hace 15 aos mont en una caravana en tren para protestar en la Cumbre de Las Amricas en Mar del Plata por la visita de George W. Bush. A un costado de Evo Morales, Diego manifest su desprecio por el presidente de Estados Unidos.

Esto es por mi orgullo como argentino, dijo Diego; ir en este tren para repudiar a esta basura humana que es Bush. Los argentinos vamos por la dignidad.

Antes de la cada final, Maradona volvi a mostrarse como el hombre batido por las adicciones. Gordo y sin poder hablar claro recordaba la versin de sus peores aos. Y aun en esos momentos, pareca recordarle al mundo su declaracin ms profunda cuando lo homenajearon en La Bombonera con Boca Juniors.

Si uno se equivoca, el futbol no tiene por qu pagar. Yo me equivoqu y pagu. La pelota no se mancha, dijo como despedida.

La ciruga para remover el cogulo fue como una advertencia hace pocas semanas. Durante das el mundo esperaba un desenlace trgico y pareca que el dolo lo haba superado otra vez. Slo fue una gambeta, ayer muri el Diego. Maradona, el mito, vive.

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