24 de Septiembre de 2017 | La Realidad Política
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Opiníon
por: Ernesto Osorio
SAFE en HOME.- A Olivia Alejandra



Tuvo que pasar una semana para que alguien se acordara de ella.

Para ella no hubo horas, palabras y condenas enérgicas desde las tribunas más altas de este país.

A ella no se le dedicaron cadenas o #hastags en redes sociales; ni mucho menos espacios abiertos en medios de comunicación, blogs, boletines y toda clase de publicaciones para condenar el artero crimen en su contra.

No tenía apellido gremial.

Para ella, no hubo un ¡Ya basta!

Tuvo que pasar una semana para que mis colegas dieran un poco de atención a su historia de vida.

Ella no era activista, tampoco se dedicaba a incomodar gobernadores o a retratar injusticias como las que todos los días se cometen, no solo en Veracruz, sino en todo México. No poseía micrófonos, ni cámaras fotográficas.

Lamentablemente, mis amigas, las feministas y colegas tampoco le brindaron la misma atención que a Nadia Vera, incansable defensora de los derechos humanos.

Tampoco le dieron la atención como la que le brindaron a "la colombiana" Mile Virginia Martin, ahora estigmatizada como "sospechosa" sólo por tener joyas, dinero y un automóvil; y tampoco fue la misma cobertura la que le dieron a la maquillista Yesenia Quiroz de tan solo 18 años.

No. Para ella no hubo lagrimas públicas, ni discursos lastimeros o combativos. Tampoco menciones rebeldes, contestarías y audaces en los medios de comunicación.

¡Que pena!

Ningún diputado, senador, activista, Ombudsman o procurador de justicia le brindaron tiempo, palabras, homenajes, páginas, mensajes.

Quizá la única referencia a su persona, que empece a leer a mitad de semana y en las primeras horas fue, la de "la doméstica" ( ¿y por qué así?) antes de que se refirieran a ella como quien era: Olivia Alejandra Ortega Avilés.

Olivia Alejandra fue una mujer luchadora, si, pero de la vida. Con 40 años de edad y tres hijas de 24, 22 y 13 años, Olivia Alejandra tenía dos días de trabajar en el domicilio donde masacraron a tres mujeres y a Rubén.

Vivía en San Rafael Chamapa, Naucalpan, en el Estado de Mexico. De lunes a viernes salía a las 6 de la mañana para llegar a su primer trabajo y hacia las 11 se dirigía a la colonia Narvarte para hacer el quehacer y salir a las 3 de la tarde.

Tuvieron que pasar siete días para conocer su historia, que muy pronto se olvidara.

El lingüista estadounidense Noam Chomsky establecía que uno de los principales recursos de la manipulación mediática es la de fabricar conceptos distractores con la finalidad de desviar la atención sobre los hechos tal y como son.

La solidaridad e indignación que desató en el gremio periodístico el homicidio de Rubén sobrepaso limites, y esto se explica por si mismo revisando la situación política que vive el estado de Veracruz y los antecedentes del trabajo profesional que realizó Rubén.

Pero ello no justifica la desatención al hecho en si y a la historia de vida de todas las víctimas.

Hemos perdido la capacidad de ser objetivos, las pasiones nos dominan y nos hacen actuar de manera equivocada.

Demandar justicia no debe limitarse a exigir la verdad sobre el homicidio de Rubén o de Nadia sólo por ser él, el periodista y ella, la activista. La voz deberíamos alzarla y más fuerte por una mujer que dejó en orfandad a una pequeña de 13 años, y cuya única culpa fue la de estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada.

Hoy, no existe SAFE en HOME. El out es contundente y nos deja fuera junto con quienes han hecho de una causa justa, una bandera política, gremial y discriminatoria.


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