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Cronica de un Zocalo tomado

EL Discurso
Viernes, 13 de Septiembre de 2013

La Policia Federal desalojo planton CNTE.Foto Octavio Nava       ver galería

Humean en el Zcalo capitalino montones de ropa abandonada, zapatos sin su par, ollas con el arroz derramado, medicinas, credenciales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educacin, sillas y anafres an encendidos. Pasaron dos horas y media desde el plazo que fij el gobierno federal como ultimtum para que los profesores disidentes desalojaran el lugar las 2 de la tarde del 13 de septiembre- y las cuadrillas de limpieza del gobierno local ya entran por la avenida 20 de Noviembre. Los policas federales se toman fotografas unos a otros frente al panorama de carpas destruidas y sonren. La imagen de lo que consideran su victoria. Un pelotn grita su lema: Servir y proteger al pueblo, como en una pelcula gringa. Mientras, las persecuciones y enfrentamientos se suceden en las calles del primer cuadro del centro histrico y en el Palacio de Bellas Artes.

Antes del plazo fijado para el desalojo, algunos profesores se retiran. Otros permanecen en el plantn y comienzan a salir cuando los policas federales lanzan gases lacrimgenos. En las calles de alrededor del Zcalo -5 de mayo, Isabel La Catlica, 16 de Septiembre- contingentes policiacos se distribuyeron cuadra por cuadra, avanzando y replegando a los ltimos grupos de manifestantes, jvenes la inmensa mayora, que lanzan algunas piedras, palos y tuercas con resortera a los uniformados. Mientras, grupos de curiosos se asoman por las puertas y ventanas, grabando con sus telfonos y tomando fotografas; algunos lanzan chistes y se fotografian frente al contingente policiaco.

Reljense, vamos a cubrirle la espaldas a los compaeros, grita el jefe de uno de los cuerpos policiacos, mientras su contingente avanza golpeado sus escudos rtmicamente, cargando palos, tubos metlicos, macanas y extinguidores. Algunas veces con groseras y otras con el argumento de es por su propia seguridad, tratan de correr a los que observan los movimientos; hombres, mujeres, jvenes, que buscan intilmente salidas. Un polica, en la parte de atrs de un contingente, graba con su tableta iPad el avance que empuja a los grupos de manifestantes hacia el Eje Central.

Hacia el Zcalo se ve humo. Huele a gasolina, y los restos de las vallas y barricadas que mont el magisterio horas antes arden todava, junto con algunos enseres de las carpas de los profesores. Un huarache verde con una flor de tela se consume junto a un frasco de medicamentos genricos. Los botes que los profesores usan para pedir cooperacin estn rotos y vacos. Algunos policas federales hurgan entre los papeles que quedaron tirados, particularmente entre los que tienen logos de la Coordinadora.

Grupos de pepenadores aparecen en el Zcalo; empiezan a recoger y clasificar los cartones y plsticos en sus carritos. Un polica aparece y da rdenes a un civil: Esos de los carros se tienen que salir. Agrupamientos de hombres y mujeres se forman al grito de Pelotn uno, y comienzan el retiro de los escombros: vallas, sillas, papeles, carpas. Un polica federal levanta una valla y se para sobre un montn de escombros para posar para los fotgrafos. Otro unformado, con mucha menos estatura que sus compaeros, levanta los garrafones de agua y, con el mismo lquido, apaga las pequeas fogatas que todava humean por aqu y por all. No se separen, comando, grita otro,

Los carros del departamento de limpia del Distrito Federal aparecen por 20 de Noviembre. Deben limpiar el trabajo sucio, literal. Mientras nuevas filas de policas salen por la calle Moneda y se forman frente a la Catedral. Para la madrugada esto ya va a estar limpio, asegura un comandante al que sus subordinados festinan y le piden que les tome una fotografa. Dos jvenes mujeres solitarias aparecen para gritarle de frente a la polica que son una vergenza, y un hombre de mediana edad se para, retador, frente a las filas de uniformados con dos carteles contra la reforma educativa. Los efectivos federales sonren.

La instruccin fue trabajar hasta que terminemos de limpiar. Trabajaremos horas extras, informa un joven mientras jala los plsticos que, apenas tres horas antes, formaron el mar de viviendas improvisadas en las que ms de 35 mil profesores, la mayora de Oaxaca, llegaron desde el 19 de agosto a protestar contra la reforma educativa. Tenemos instrucciones de no dar declaraciones, sentencia una mujer, que momentos despus caer sobre un montn de escombros humeantes. Un seor completamente canoso, con sonajas de conchas en los pies, toca un silbato a ritmo de las danzas mexicatiahuin.

Trabajadores de la Comisin Federal de Electricidad, sin el uniforme pero con un gafete casi escondido debajo de la camisa, se ocupan de desmontar los diablitos que los profesores se procuraron para tener energa elctrica. Portan solamente guantes de carnaza para hacer su tarea, pero es seguro porque est seco, el problema es si empieza a llover, declara uno de ellos, mientras comienza a chispear y los helicpteros policiacos pasan una y otra vez por el cielo gris.

La bandera ondea a media asta en la Catedral, por los Nios Hroes, pero en el centro del Zcalo ni siquiera est la bandera. Una decena de militares, en el techo del Palacio Nacional, siguen los movimientos que tratan de borrar los restos del campamento. Un polica pasa, apresurado, cargando un bolso grande de mujer. Gras y camiones de mudanzas acarrean una camioneta con planta de luz y las estructuras metlicas de las carpas muchas de las cuales estn quemadas. Un cartel que cuelga de un poste reza: Recibimos apoyo y vveres. Los insultos son para Pea.

Las cuadrillas de limpieza apresuran su trabajo. Suenan los mazos, que golpean los gruesos calvos que sostuvieron las lonas. Algunos policas de seguridad privada deambulan por el lugar. Camino al Eje Central, se repite la escena: las tpicas tlayudas oaxaqueas a medio comer, un bolso femenino, un zapato, una calceta, montones de cobijas, medio pollo rostizado, piedras y plsticos estn regados por las calles.

Otra vez aparecen por diversos puntos grupos de curiosos. Un hombre, disfrazado de Miguel Hidalgo, posa frente a los policas que resguardan la entrada a la plancha principal de la ciudad. Los flashes y las bromas se suceden. Por la calle 20 de Noviembre se puede salir, afirma un hombre.

En Cinco de Mayo y Palma sigue en pie una barricada solitaria. El taquero de La torta loca limpia su trompo para instalar los tacos al pastor. Los dependientes comienzan a abrir los negocios, adornados ya con piezas verde, blanco y rojo, mientras en Eje Central, los granaderos de la capital persiguen a los manifestantes hacia la Alameda. Para el Monumento a la Revolucin, se pasan la voz algunos de los ltimos manifestantes.

Se prenden los foquitos tricolores. La ciudad es verde, blanco y rojo. La fiesta patria est por empezar, mientras los maestros se renen en el Monumento a la Revolucin, donde deciden los pasos siguientes.

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