05 de Abril de 2020 | La Realidad Política
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Trump: una guerra para la re-eleccion

ElDiscurso/CubaDebate/Prensa Latina
Lunes, 06 de Enero de 2020

Trump apuesta la via militar para su releccion. Foto Agencia Prensa Internacional Inc       ver galería

Una de las primeras lecciones que ensean en todo curso sobre el sistema poltico de Estados Unidos es que las guerras suelen revertir la declinante popularidad de los presidentes. Con una tasa de aprobacin de Donald Trump del 45 % en Diciembre del 2019, los ?dficit gemelos? (comercial y fiscal) creciendo inconteniblemente al igual que la deuda pblica y una amenaza de juicio poltico en su contra los consejeros y asesores de la Casa Blanca seguramente recomendaron al presidente que apele al tradicional recurso e inicie una guerra (o una operacin militar de alto impacto) para recomponer su popularidad y situarlo en mejor posicin para encarar las elecciones de Noviembre del corriente ao.

Esta sera una plausible hiptesis para explicar el inmoral y sangriento atentado que acab con la vida de Qassem Soleimani, ciertamente el general ms importante de Irn. Washington inform oficialmente que la operacin fue explcitamente ordenada por Trump, con la cobarda que es tradicional entre los ocupantes de la Casa Blanca, aficionados a arrojar bombas a miles de kilmetros de distancia de la Avenida Pennsylvania y de aniquilar enemigos o supuestos terroristas desde drones manejados por unos jvenes moral y psicolgicamente desquiciados desde algunas cuevas en Nevada. Esa misma prensa se encarg de presentar a la vctima como un desalmado terrorista que mereca morir de esa manera.

Con esta criminal actitud se tensa extraordinariamente la situacin en Oriente Medio, para satisfaccin del rgimen neonazi que gobierna Israel, las brbaras monarquas del Golfo Prsico y los hampones dispersos del derrotado ?gracias a Rusia- Estado Islmico. El perverso clculo es que en los prximos das la popularidad del magnate neoyorquino comience a subir una vez que la maquinaria propagandstica de Estados Unidos se ponga en marcha para embotar, por ensima vez, la conciencia de la poblacin. Como decamos ms arriba, esta apelacin a la guerra fue utilizada rutinariamente en la historia de ese pas. Tal como el ao pasado lo sealara el ex presidente James Carter Estados Unidos estuvo en guerra durante 222 aos de sus 243 aos de vida independiente.

Esto no es casual sino que obedece a la nefasta creencia, profundamente arraigada tras siglos de lavado de cerebros, de que Estados Unidos es la nacin que Dios ha puesto sobre la tierra para llevar las banderas de la libertad, la justicia, la democracia y los derechos humanos a los ms apartados rincones del planeta. No se trata ahora de hacer un recuento puntual de las guerras iniciadas para ayudar a presidentes en apuros, pero conviene traer a colacin un caso reciente que tambin involucra a Irak y cuyo resultado fue distinto al esperado.

En efecto, en 1990 el presidente George H. W. Bush (Bush padre) se encontraba en problemas de cara a su re-eleccin. La operacin ?Causa Justa?, nombre edulcorado para designar la criminal invasin de Panam en Diciembre de 1989, no haba surtido el efecto deseado puesto que no tuvo el volumen, la complejidad y duracin necesarias como para ejercer un impacto decisivo sobre la opinin pblica.

Tiempo despus el Washington Post titulaba en primera pgina (16-X- 1990) que la popularidad de presidente se desplomaba y comentaba que ?algunos republicanos temen que el presidente se sienta forzado a iniciar hostilidades para detener la erosin de su popularidad?. Previsiblemente, los demcratas triunfaron en las elecciones de medio trmino de Noviembre de 1990. Bush capt el mensaje y opt por el viejo recurso: duplic la presencia militar de Estados Unidos en el Golfo Prsico pero sin declarar la guerra.

Poco despus se filtraba la declaracin de uno de los principales asesores de Bush, John Sununu, diciendo, en palabras que vienen como anillo al dedo para comprender la situacin de hoy, que ?una guerra corta y exitosa sera, polticamente hablando, oro en polvo para el presidente y garantizara su re-eleccin.? La invasin de Irak a Kuwait le ofreci a Bush padre en bandeja esa oportunidad: ir a la guerra para ?liberar? al pequeo Kuwait del yugo de su prepotente vecino. A mediados de Enero de 1991 la Casa Blanca lanz la operacin ?Tormenta del Desierto? ?a la cual se asoci, para desgracia de la Argentina, el gobierno de Carlos S. Menem- contra Irak, un pas ya devastado por las sanciones econmicas y su larga guerra con Irn, y contra un gobernante, Saddam Hussein, previamente satanizado hasta lo indecible por la mentirosa oligarqua meditica mundial con la imperdonable complacencia de las ?democracias occidentales.?

Pero, contrariamente a lo esperado por sus consejeros Bush padre fue derrotado por Bill Clinton en las elecciones de Noviembre de 1992. Y lo hizo con cuatro palabras: ?Es la economa, estpido!? Quin podra asegurar que un desenlace igual no podra repetirse esta vez? Esto, por supuesto, dicho sin la menor esperanza de que un eventual sucesor demcrata del strapa neoyorquino pueda ser ms favorable, o menos funesto, para el futuro de la humanidad. No obstante, de lo que s estamos seguros es que el ?orden internacional? construido por Estados Unidos y sus socios europeos exhibe un avanzado estado de putrefaccin.

De otro modo no se entiende el silencio cmplice o la hipcrita condena, cuando no la abierta celebracin, de los aliados de la Casa Blanca y la ?prensa libre? ante un crimen perpetrado en contra de un alto jefe militar ?no de un supuesto ignoto ?terrorista?- de un pas miembro de Naciones Unidas ordenado por el presidente de Estados Unidos y en abierta violacin de la legalidad internacional e, inclusive, de la propia Constitucin y las leyes de Estados Unidos. Una nueva guerra asoma en el horizonte provocada por Washington invocando los habituales pretextos para encubrir sus insaciables ambiciones imperiales. El ?complejo militar-industrial? festeja con champn mientras el mundo se estremece ante la tragedia que se avecina.

Atilio Born
Economista y periodista argentino, quien dirigi Clacso.

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